
Les cuento brevemente que me rompí una costillita el sábado debido a una mala caída. Ello me tiene un poco inmovilizada y debido a que los dolores son un tanto incómodos decidí hacer algo al respecto. Tomé a Petunia mi alcancía, un martillo y con el dinero en la mano, decidí buscarle correcta solución a mis problemas: contrataría un masajista cachondo.
Después de unas cuantas llamadas me enviaron por mail un interesante catálogo de hombres desnudos. Muchos de ellos con acercamientos dudosos a sus penes que no terminaban de convencerme. Luego de pasar algunas páginas: ¡epa! Encontré al candidato idóneo. Su nombre era Río. Traía una descripción muy escueta haciendo hincapié en que era brasileiro. Tomé el teléfono de nuevo y pedí a Río a domicilio, ese mismo día (ayer), la “cita” era a las 7 pm.
El día se me fue de lo más emocionada, ni sentí el dolor en la costilla, y me dedique a buscar en mi closet alguna pequeña pieza de ropa interior coqueta pero no muy sugestiva. El doctor me indico que si quería sanar pronto no debería tener sexo ni movimientos bruscos, además no estaba segura si la tarifa de Río incluía penetración. Tampoco me importó, lo que yo quería es que ese hombre moreno y bronceado me tocara toda. ¡Todita!
A las 7 y 10 minutos tocaron a la puerta. Yo vestía una bata bastante normal, pero de bajo traía una tanga con vivos rojos de encaje, brasier a juego y me rocíe con L’airs du Temps, mi fragancia favorita para las ocasiones sexosas. Era él, aún más bello en persona, con el cabello muy bien peinado y oliendo a Egoiste de Chanel según me dijo (adoro a un hombre que huela a loción amaderada). Me preguntó: -¿eres J?- Apenas hube contestado, y ya me había tomado por la cintura, emití un leve quejido. -¿Te sucede algo?- Le dije que traía una costilla rota y que tuviera cuidado conmigo, me sonrojé y a lo bajo dije “es mi primera vez”. Sonrió.
Lo llevé al cuarto y me pidió que me recostara en la cama. Había cambiado el edredón por uno de color malva y encendí unas velas con aroma a sándalo para la ocasión. Sacó de un pequeño maletín unos frascos, unas plumas y un masajeador con forma de jack. Era el momento.
Me quité la bata, y le deje ver mi linda ropita interior. Me recosté como pude boca abajo, tratando de parecer sexy. Creo que Río notó mi nerviosismo, nunca le había pagado a un Pro, empezó a esparcir una deliciosa mezcla aceitosa con olor a manzanas con canela. Simplemente empecé a temblar. Su primer objetivo fue mi espalda, recorría con su manos la mitad de ella deteniéndose de vez en cuando por la venda que la partía en dos a la largo. Ahí estuvo el tiempo justo para pasar por mi cuello. Me preguntó si me incomodaba. Le dije que no. Se quitó la camisa que traía y de reojo pude ver un hermoso pecho desprovisto de vellos. Se subió a la cama y cuidadosamente me montó. Sentí su pene cerca de mi trasero. Creo que gemí de placer. Se inclinó suavemente sobre mí y empezó a tocarme el cuerpo desde el cuello hasta las nalgas. Yo sudaba.
-Relájate, te gustará- Me dijo Río. Sonreí y le hice caso, después de todo era un Pro.
Me abrió el brasier con una mano y con la otra me llevó hacía él, mientras me ayudaba a quitarme la prenda. Antes que volviera a recostarme metió sus manos bajo mis pechos y los empezó a sobar con temple, pero sin demasiada prisa. Mi entrepierna empezó a mojarse. Poco a poco nos fuimos acomodando hasta quedar frente a frente. Bajó su cabeza y lamió mis pezones. Su lengua era cálida y sabía a donde dirigirse. Se me figuraba que era un borreguito amamantándose. Ahí estuvo el suficiente tiempo para sacarme un buen orgasmo. Gemí de placer. Subió la vista y me regaló una sonrisa pícara. Estaba jugando conmigo y yo era una niña en sus brazos. Me gustó la idea.
Tomó mis pantys y las deslizó hasta zafarme de ellas. Sus manos subieron desde mis pies hasta mis rodillas y alzándome una pierna empezó a comerse la parte detrás de la rodilla. Su boca parecía ansiosa y yo me retorcía por que me penetrara, pero era mayor mi respeto por su profesión, que las ganas mismas. Le pedí que me chupara. Asintió con un movimiento de cabeza y subió a mi entrepierna. Me ayudó a abrir las piernas y se sumergió en mi sexo a lengüetazos y suaves movimientos con sus dedos. Grité mientras lo tomaba del cabello cuando sentí un gran espasmo de placer. Me miró de nuevo e hizo un gesto por si necesitaba que me regalara más, le dije por supuesto que sí. Ahora con sus manos me tocó el clítoris, mientras chupaba mis pechos y los estrujaba. No pude más y me monté sobre él, lo dejaba besar mi cuello mientras tallaba mi sexo sobre sus pantalones. Quise devolverle el favor y le regale una felación corta pero efectiva. Estaba exhausta.
Todo pasó en una hora y quede satisfecha. Me regaló una tarjetita negra con su teléfono móvil para cuando quisiera repetir la experiencia…
Tomé la decisión de hoy mismo ir por una nueva alcancía.
…..mmmmm mmmmm mmmmmm no lei que usaran condones……te vienes cuando te chupan los senos???
Ash. ¡Para eso existe el gel antibacterial, me podía haber contagiado de influenza A bucal!
Jajajajaja.
Y la respuesta a la segunda pregunta es: sí.
Se echó sus gárgaras de gel antibacterial y luego usó el mismo gel para lubricarse y peinar al muchacho para su siguiente cita.
P.D. Échale ganas, todavía te falta para que te rinda honores con champú…
Jajajaja Salmoncito aprecio enormemente tu croquetita y créeme que esto es apenas el principio.
Ojala me sigas
xD changos, no se que decir LOL, mejor ya arréglate la costilla.
Jajaja! ah que reinita! Si dicen que cuando uno está feliz se recupera de volada!
Se me antojó un masaje, y no está mi masajista buuu…
Bueno, cuidese la costilla y quédate quieta en lo que pega!!
Changos!!
Jojojo ya tengo el pretexto de mi esguince en el hombro pa pedir masajito… buenas ideas que me das, reina!